Que nadie se entristezca,
que nadie se acobarde,
el Dios que está viniendo…
el Dios que ya está cerca…
no es un Dios del espanto
no es un Dios del terror
nuestro Dios es un Dios cercano
¡Nuestro Dios es un Dios de amor!
Que miremos a la higuera,
que aprendamos la lección…
que cuando las cosas se trastocan
es porque llega el Señor.
Que estemos prontos se nos pide
que no dejemos de velar…
que el día menos pensado
el Hijo del hombre volverá.
Vivamos con un pensamiento:
“¡Viene Cristo de verdad!”
No nos quedemos dormidos…
No nos acostumbremos ya…
La vida que Dios nos regala
es tan linda y tan fugaz
hagamos rendir los días
y sirvamos a los demás.
Los obispos nos animan:
“hay tres crisis que curar”:
la crisis cultural con su egoísmo,
la crisis moral con su corrupción,
la crisis religiosa de un Dios ausente
que nos está matando el corazón.
Ahí tenemos un camino
para esperar activos al Señor.
Que viene Cristo, lo sabemos.
Hoy nos debemos preguntar:
¿Cómo queremos que nos encuentre?
¿Cómo lo queremos esperar?
Dios quiera que nos decidamos
que no nos dejemos estar…
Él está viniendo,
no lo dejemos pasar.
Que nadie se entristezca,
que nadie se acobarde,
el Dios que está viniendo…
el Dios que ya está cerca…
no es un Dios del espanto
no es un Dios del terror
nuestro Dios es un Dios cercano
¡Nuestro Dios es un Dios de amor!
Espacio de un sacerdote católico... Este blog pretende ser una puerta abierta para ayudar a quien lo necesite y como medio para brindar algo sencillo a la obra de la evangelización.
lunes, 16 de noviembre de 2009
martes, 10 de noviembre de 2009
En tus manos está Él...
Qué misterio insondable
el que en tus manos se asoma;
si parece que hasta la loma,
aquella de La Calavera,
hoy desplomarse quisiera
al ver al Cristo reinar...
Que Misterio insondable
el que en tus manos se asoma;
el Hijo que en otra hora
en un pesebre yacía,
hoy se nos da con alegría
para que le demos loas.
Que Misterio insondable,
nunca sabrás bien cuándo
Aquel que anduvo evacuando
a los pescadores miedosos,
se viene y se te esconde
en ese Pan, el Más Blanco.
Que alegría sin par
tiene aquel que no lo entiende,
que ni reniega ni miente
sino que se deja asombrar…
El que se deja atrapar
por el del Manto Esplendente.
El hombre no comprende,
el ángel no imagina,
que el agua de la esquina
de aquel viejo Santuario,
es la Sangre que destila
de la Cruz del mercedario.
Hoy tienes, sacerdote,
en tus manos a Jesús;
es el mismo que en la Cruz
por el mundo condenado,
dejó abrir sus brazos
y nos regaló su Costado.
Aquel Costado sangrante
que no deja de revelarse,
hoy lo tienes en tus manos
hoy está sobre el Altar…
no te debes acostumbrar,
es sublime lo que no entiendes.
Pon tu alegría en la cruz;
deja que Él tome tus manos…
no lo mires con cuidado
el sabe mejor que Vos...
¡Son "sus manos" no sos vos
las que hoy nos dan el Pan!
Sacerdote que en tus manos
tienes la Fuente de Alegría,
recuerda que eres hoy día
como aquel burro prestado,
que cargó al Rey Mesías
por la calle de los Ramos.
No te debes agrandar,
no envanezcas tu interior...
es mejor que sea Dios
el que sea engrandecido:
es su Hijo el que ha vencido
vos sos sólo su sirviente.
María nos lo muestra
como se debe servir,
siempre diciendo sí
y sin poner ninguna excusa,
es la forma que nos impulsa
a vivir como Jesús.
Hoy, como María,
recibís en tus manos a Jesús,
no es otro que el del Cruz,
no es otro que el Resucitado,
dichoso si estás armado
con las luces de la virtud.
Sacerdote de Jesús,
es tu mayor tarea
esconderte y dar pelea
para que asome el Emmanuel...
¡vos estás es sus manos
y en las tuyas está Él!
Autor: P. Javier Murador (10/11/2009)
el que en tus manos se asoma;
si parece que hasta la loma,
aquella de La Calavera,
hoy desplomarse quisiera
al ver al Cristo reinar...
Que Misterio insondable
el que en tus manos se asoma;
el Hijo que en otra hora
en un pesebre yacía,
hoy se nos da con alegría
para que le demos loas.
Que Misterio insondable,
nunca sabrás bien cuándo
Aquel que anduvo evacuando
a los pescadores miedosos,
se viene y se te esconde
en ese Pan, el Más Blanco.
Que alegría sin par
tiene aquel que no lo entiende,
que ni reniega ni miente
sino que se deja asombrar…
El que se deja atrapar
por el del Manto Esplendente.
El hombre no comprende,
el ángel no imagina,
que el agua de la esquina
de aquel viejo Santuario,
es la Sangre que destila
de la Cruz del mercedario.
Hoy tienes, sacerdote,
en tus manos a Jesús;
es el mismo que en la Cruz
por el mundo condenado,
dejó abrir sus brazos
y nos regaló su Costado.
Aquel Costado sangrante
que no deja de revelarse,
hoy lo tienes en tus manos
hoy está sobre el Altar…
no te debes acostumbrar,
es sublime lo que no entiendes.
Pon tu alegría en la cruz;
deja que Él tome tus manos…
no lo mires con cuidado
el sabe mejor que Vos...
¡Son "sus manos" no sos vos
las que hoy nos dan el Pan!
Sacerdote que en tus manos
tienes la Fuente de Alegría,
recuerda que eres hoy día
como aquel burro prestado,
que cargó al Rey Mesías
por la calle de los Ramos.
No te debes agrandar,
no envanezcas tu interior...
es mejor que sea Dios
el que sea engrandecido:
es su Hijo el que ha vencido
vos sos sólo su sirviente.
María nos lo muestra
como se debe servir,
siempre diciendo sí
y sin poner ninguna excusa,
es la forma que nos impulsa
a vivir como Jesús.
Hoy, como María,
recibís en tus manos a Jesús,
no es otro que el del Cruz,
no es otro que el Resucitado,
dichoso si estás armado
con las luces de la virtud.
Sacerdote de Jesús,
es tu mayor tarea
esconderte y dar pelea
para que asome el Emmanuel...
¡vos estás es sus manos
y en las tuyas está Él!
Autor: P. Javier Murador (10/11/2009)
Cristianos en serio!
"Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.
Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.
El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar."
De la Carta a Diogneto (Cap. 5-6; Funk 1, 317-321)
Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.
Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.
Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.
El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar."
De la Carta a Diogneto (Cap. 5-6; Funk 1, 317-321)
lunes, 9 de noviembre de 2009
Reflexión para tiempo breve...
Si…
Las tareas cotidianas: nos hacen acostumbrar rápido y nos aburren
Los trabajos repetitivos: nos desgastan pronto
Los resultados escasos: nos hacen perder perspectivas
Los problemas humanos: nos enfadan
Las dificultades económicas: nos excusan del esfuerzo
Los tiempos que no alcanzan: nos hacen bajar los brazos
Las personas que no nos valoran: nos irritan
La envidia entre nosotros: nos resta fuerzas
La competencia mutua: nos hace perder de vista lo que somos
Cambiemos y en…
Las tareas cotidianas: descubramos la sencillez de las flores que siempre sonríen igual…
Los trabajos repetitivos: pongamos sentido infinito a nuestras acciones (somos personas y son personas las que acompañamos)
Los resultados escasos: sigamos sin desfallecer… somos sembradores
Los problemas humanos: veamos que son ocasión para pulirnos y crecer (como el canto rodado que se forma en el lecho del río al chocar con otras piedras…)
Las dificultades económicas: pongamos nuestra confianza en Dios. Dios escucha siempre.
Los tiempos que no alcanzan: demos todo, demos sin condición, demos con esperanza de que la semilla crece lentamente: Dios está.
Las personas que no nos valoran: reflexionemos y recentremos nuestro corazón (¿por quién hacemos las cosas que hacemos?): Dios sabe.
La envidia entre nosotros: pongamos solidaridad y unidad. El otro es importante para mí… tiene un don que yo no tengo. Dios lo puso a mi lado.
La competencia mutua: esforcémonos por construir juntos (“una sola alma y un solo corazón”).
Las tareas cotidianas: nos hacen acostumbrar rápido y nos aburren
Los trabajos repetitivos: nos desgastan pronto
Los resultados escasos: nos hacen perder perspectivas
Los problemas humanos: nos enfadan
Las dificultades económicas: nos excusan del esfuerzo
Los tiempos que no alcanzan: nos hacen bajar los brazos
Las personas que no nos valoran: nos irritan
La envidia entre nosotros: nos resta fuerzas
La competencia mutua: nos hace perder de vista lo que somos
Cambiemos y en…
Las tareas cotidianas: descubramos la sencillez de las flores que siempre sonríen igual…
Los trabajos repetitivos: pongamos sentido infinito a nuestras acciones (somos personas y son personas las que acompañamos)
Los resultados escasos: sigamos sin desfallecer… somos sembradores
Los problemas humanos: veamos que son ocasión para pulirnos y crecer (como el canto rodado que se forma en el lecho del río al chocar con otras piedras…)
Las dificultades económicas: pongamos nuestra confianza en Dios. Dios escucha siempre.
Los tiempos que no alcanzan: demos todo, demos sin condición, demos con esperanza de que la semilla crece lentamente: Dios está.
Las personas que no nos valoran: reflexionemos y recentremos nuestro corazón (¿por quién hacemos las cosas que hacemos?): Dios sabe.
La envidia entre nosotros: pongamos solidaridad y unidad. El otro es importante para mí… tiene un don que yo no tengo. Dios lo puso a mi lado.
La competencia mutua: esforcémonos por construir juntos (“una sola alma y un solo corazón”).
lunes, 2 de noviembre de 2009
Para los barrios... Santidad: deuda de amor!
Es común escuchar esta frase “El que no sabe de donde viene, no sabe a donde va”. No es una frase forzosa, no es un juego de palabras. Es realismo vital. Es mirar la propia existencia con la necesidad de encontrarle el sentido. Hoy nos propone Dios mirar eso: de donde venimos y a dónde vamos, lo que somos y lo que hemos de llegar a ser. Nos invita a mirar nuestra vocación más significativa: la santidad.
Podemos mirar la santidad como “un tema”, como algo que nos dicen que “tenemos que hacer” como si fueran los deberes de la primaria… Podemos mirar la santidad como “cosas que hay que hacer, que cumplir, que padecer, que parecer… como cosas que tenemos que ‘vender’ a los demás («¡Pero qué buena persona que es!»)
Pensemos, en cambio, en los rostros concretos que encontramos cada sábado en los Barrios. Nombro algunos de los que recuerdo, pensemos en sus rostros, en sus sonrisas, en sus corazones: Dianita, Mei, Milagros, Naiara, Jenaro, Maxi, Ale, Pon, Marcela, Tahue, Ma. Guadalupe, Yesi, Cintia, Lulianito, Andresito (Pescadito), Agustín, Potoco, Ailín, Ludmila (la Rubia y la Morocha), Dani, Sebita, Victor, Brunella, Joel, Brian, Tamara, Micaela, Maria, Belén, Celeste, Magui, Mati, Exe, Pela, Pablito, Jona, Laura, Ana, Sheila, Brisa, Ma. del Rosario, Wanda, Zamira… Y sumen todos los que quieran…
Ahora… una pregunta que no es para responder a las apuradas… ¿Qué decimos de ellos? ¿Cómo los describimos? ¿Qué decimos de lo que generan en nuestro interior? «Es un encanto», «Un sol», «Chiquiiiiita», «Están tan necesitados de cariño», «Te dan tanto amor», «Nos esperan»…
Ahora… otra pregunta que tampoco es para responder apurados… ¿Podremos mirarnos como los privilegiados para saldar esa deuda de amor? ¿Podremos describir la santidad justamente como una deuda de amor? Es decir… ¿Podremos decir que lo que los niños más necesitan es que “baje Jesús a los barrios”? Precisamente, de eso se trata la santidad.
Que por medio nuestro “baje Jesús”. Que nuestra vida esté tan cerca de la Suya (evidentemente, con los altibajos que nos tocan vivir)… que al vernos, sea a Jesús a quién vean.
La santidad, entonces, es ser reflejo de Jesús, o mejor aún, transparencia Suya.
Repitámonos la pregunta: ¿podemos mirar la santidad como una deuda de amor? ¿Podríamos? Aún cuando no nombremos “explícitamente” a Dios, no por eso lo excluimos… Pensemos: cada uno de los niños que recordamos… ¿no son una palabra permanente de “reclamo”, de “quiero tu corazón”, “necesito de amor”?
Por eso, ir al barrio no es ir a hacer cosas. Es ir a dar el corazón. Y ahí es donde está la santidad. En que vamos a dar el corazón por amor, para “saldar una deuda de amor”. Vamos a dar el corazón por Jesús, a Jesús, con Jesús, para Jesús…
Dios nos regala los niños; “se esconde” en ellos… Por ellos, con ellos y en ellos nos hace ver que siempre tenemos algo para dar: nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor.
Santidad es una deuda de amor.
Primero tenemos que dejarnos cautivar: por los niños y por Dios presente ahí en cada uno de ellos… no obviemos eso. En segundo lugar, tenemos que dejarnos cambiar por el amor (porque siempre el amado consigue hacernos “a su manera”, nos hace “adoptar su ritmo”). Finalmente y en todo: amar. Como expusimos en la presentación del día del niño:
«Amar es sonreír. Amar es compartir. Amar es jugar. Amar es orar. ¡Amar es vivir con el otro su misma vida! Cuando está todo por hacerse… Cuando parece que los medios no alcanzan… Cuando la luz de la vida parece que se apaga… Vamos con Jesús… ¡para que la Luz de su amor ilumine el mundo!»
Podemos mirar la santidad como “un tema”, como algo que nos dicen que “tenemos que hacer” como si fueran los deberes de la primaria… Podemos mirar la santidad como “cosas que hay que hacer, que cumplir, que padecer, que parecer… como cosas que tenemos que ‘vender’ a los demás («¡Pero qué buena persona que es!»)
Pensemos, en cambio, en los rostros concretos que encontramos cada sábado en los Barrios. Nombro algunos de los que recuerdo, pensemos en sus rostros, en sus sonrisas, en sus corazones: Dianita, Mei, Milagros, Naiara, Jenaro, Maxi, Ale, Pon, Marcela, Tahue, Ma. Guadalupe, Yesi, Cintia, Lulianito, Andresito (Pescadito), Agustín, Potoco, Ailín, Ludmila (la Rubia y la Morocha), Dani, Sebita, Victor, Brunella, Joel, Brian, Tamara, Micaela, Maria, Belén, Celeste, Magui, Mati, Exe, Pela, Pablito, Jona, Laura, Ana, Sheila, Brisa, Ma. del Rosario, Wanda, Zamira… Y sumen todos los que quieran…
Ahora… una pregunta que no es para responder a las apuradas… ¿Qué decimos de ellos? ¿Cómo los describimos? ¿Qué decimos de lo que generan en nuestro interior? «Es un encanto», «Un sol», «Chiquiiiiita», «Están tan necesitados de cariño», «Te dan tanto amor», «Nos esperan»…
Ahora… otra pregunta que tampoco es para responder apurados… ¿Podremos mirarnos como los privilegiados para saldar esa deuda de amor? ¿Podremos describir la santidad justamente como una deuda de amor? Es decir… ¿Podremos decir que lo que los niños más necesitan es que “baje Jesús a los barrios”? Precisamente, de eso se trata la santidad.
Que por medio nuestro “baje Jesús”. Que nuestra vida esté tan cerca de la Suya (evidentemente, con los altibajos que nos tocan vivir)… que al vernos, sea a Jesús a quién vean.
La santidad, entonces, es ser reflejo de Jesús, o mejor aún, transparencia Suya.
Repitámonos la pregunta: ¿podemos mirar la santidad como una deuda de amor? ¿Podríamos? Aún cuando no nombremos “explícitamente” a Dios, no por eso lo excluimos… Pensemos: cada uno de los niños que recordamos… ¿no son una palabra permanente de “reclamo”, de “quiero tu corazón”, “necesito de amor”?
Por eso, ir al barrio no es ir a hacer cosas. Es ir a dar el corazón. Y ahí es donde está la santidad. En que vamos a dar el corazón por amor, para “saldar una deuda de amor”. Vamos a dar el corazón por Jesús, a Jesús, con Jesús, para Jesús…
Dios nos regala los niños; “se esconde” en ellos… Por ellos, con ellos y en ellos nos hace ver que siempre tenemos algo para dar: nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor.
Santidad es una deuda de amor.
Primero tenemos que dejarnos cautivar: por los niños y por Dios presente ahí en cada uno de ellos… no obviemos eso. En segundo lugar, tenemos que dejarnos cambiar por el amor (porque siempre el amado consigue hacernos “a su manera”, nos hace “adoptar su ritmo”). Finalmente y en todo: amar. Como expusimos en la presentación del día del niño:
«Amar es sonreír. Amar es compartir. Amar es jugar. Amar es orar. ¡Amar es vivir con el otro su misma vida! Cuando está todo por hacerse… Cuando parece que los medios no alcanzan… Cuando la luz de la vida parece que se apaga… Vamos con Jesús… ¡para que la Luz de su amor ilumine el mundo!»
Todos los santos.. Bienaventuranzas!
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
Las Bienaventuranzas son la presentación del corazón de Jesús. De alguna manera Él mismo se plasmó en esta enseñanza. Con estas descripciones es como que se describió a sí mismo.
La vida de la santidad, la vida de amistad con Dios, la vida de Dios en nosotros… consiste, justamente, en que Dios pueda reflejarse en nuestra propia vida. Que se refleje en nuestros criterios, en nuestros sentimientos, en nuestra conducta, en nuestras opciones, en nuestras decisiones… En síntesis, vivir la santidad es estar preguntándose siempre «¿qué haría Cristo en mi lugar?»
Evidentemente, no es suficiente “preguntarse” sino que es necesario poner por obra lo que se descubre como un desafío: hacer lo que Cristo haría. Pensar como él, andar por los lugares que él andaría, sentir como él sentiría… En fin: dejar que Cristo pueda hacer latir su corazón en nuestros pechos.
Tomando el evangelio de este Domingo, vayamos desglosando el texto para descubrir qué invitación nos hace el Buen Jesús al regalarnos estas Bienaventuranzas, estas “felicitaciones”…
-Tener alma de pobre, es decir, el espíritu totalmente dependiente del Buen Dios. Lo aprendemos de nuestra gente de los barrios, de la gente que realmente tiene fe en Dios: ellos nos dicen muchas veces «Dios nos cuida», «gracias a Dios tengo para comer»… Tener alma de pobre es estar totalmente confiado en las manos de Dios. “Pobres de Dios” eran los que se refugiaron en las afueras de Jerusalén, a la sombra de Dios…
-Ser pacientes, saber esperar. “El apresurado suele perderse las mejores puestas del sol…” El que sabe esperar no condena (ni a los demás ni a sí mismo), no baja los brazos, no se cansa, no desespera, no abandona… espera que Dios haga toda su obra. El paciente sabe ver la belleza que se esconde detrás de cada rostro sucio, de cada necesidad imperiosa… El paciente también confía totalmente en Dios.
-Los afligidos son felicitados por su sabiduría. El que padece y se encuentra con el dolor cara a cara sabe de su fragilidad y de la necesidad de ser salvado. Es la contracara del autosuficiente. La aflicción es, por decirlo así, como una medicina del alma para no ceder a la tentación de creernos todopoderosos. Es feliz el afligido no en razón de su aflicción, sino en razón de la apertura que puede conseguir en medio de su dolor. Como los chiquitos cuando lloran para obtener seguridad de un adulto. Así, el afligido que se vuelve a Dios…
-Sentir hambre y sed de justicia es mirar nuestro mundo –el gran mundo y el pequeño mundo que nos rodea- y sentir con todo el corazón que no nos podemos acostumbrar a que las cosas estén mal. Ante todo, la necesidad de la justicia para con el Buen Dios: que todos puedan sentir su amor. Que todos puedan saber que él “se muere de amor” por nosotros. En segundo lugar, la necesidad de la justicia entre los hombres –particularmente para con los más débiles-: justicia que abarca todas las dimensiones humanas básicas, pero que se extiende a las necesidades (también básicas) de amor, cariño, respeto, paz, alegría, confianza, compañía…
-Ser misericordiosos es tener el corazón de Jesús. Es sentir con su corazón. Es sentir lo que le pasa al otro como propio… sobre todo sus miserias. Es experimentar que el dolor del otro repercute en mi corazón y que yo puedo hacer algo: sanar. Ser misericordioso es perdonar, es sanar, es volver a creer, es dar otra oportunidad…
-Tener el corazón puro quiere decir más que nada “ser como niños”. Nos resulta patente cuando estamos con ellos que su mirada no es malintencionada, no es doblez, está llena de asombro, de frescura, de sencillez, de simplicidad. Tener el corazón puro es no tener basura dentro de uno mismo, es tener la capacidad de sacar esas cosas fuera para que Dios tenga lugar en el corazón…
Las Bienaventuranzas son la presentación del corazón de Jesús. De alguna manera Él mismo se plasmó en esta enseñanza. Con estas descripciones es como que se describió a sí mismo.
La vida de la santidad, la vida de amistad con Dios, la vida de Dios en nosotros… consiste, justamente, en que Dios pueda reflejarse en nuestra propia vida. Que se refleje en nuestros criterios, en nuestros sentimientos, en nuestra conducta, en nuestras opciones, en nuestras decisiones… En síntesis, vivir la santidad es estar preguntándose siempre «¿qué haría Cristo en mi lugar?»
Evidentemente, no es suficiente “preguntarse” sino que es necesario poner por obra lo que se descubre como un desafío: hacer lo que Cristo haría. Pensar como él, andar por los lugares que él andaría, sentir como él sentiría… En fin: dejar que Cristo pueda hacer latir su corazón en nuestros pechos.
Tomando el evangelio de este Domingo, vayamos desglosando el texto para descubrir qué invitación nos hace el Buen Jesús al regalarnos estas Bienaventuranzas, estas “felicitaciones”…
-Tener alma de pobre, es decir, el espíritu totalmente dependiente del Buen Dios. Lo aprendemos de nuestra gente de los barrios, de la gente que realmente tiene fe en Dios: ellos nos dicen muchas veces «Dios nos cuida», «gracias a Dios tengo para comer»… Tener alma de pobre es estar totalmente confiado en las manos de Dios. “Pobres de Dios” eran los que se refugiaron en las afueras de Jerusalén, a la sombra de Dios…
-Ser pacientes, saber esperar. “El apresurado suele perderse las mejores puestas del sol…” El que sabe esperar no condena (ni a los demás ni a sí mismo), no baja los brazos, no se cansa, no desespera, no abandona… espera que Dios haga toda su obra. El paciente sabe ver la belleza que se esconde detrás de cada rostro sucio, de cada necesidad imperiosa… El paciente también confía totalmente en Dios.
-Los afligidos son felicitados por su sabiduría. El que padece y se encuentra con el dolor cara a cara sabe de su fragilidad y de la necesidad de ser salvado. Es la contracara del autosuficiente. La aflicción es, por decirlo así, como una medicina del alma para no ceder a la tentación de creernos todopoderosos. Es feliz el afligido no en razón de su aflicción, sino en razón de la apertura que puede conseguir en medio de su dolor. Como los chiquitos cuando lloran para obtener seguridad de un adulto. Así, el afligido que se vuelve a Dios…
-Sentir hambre y sed de justicia es mirar nuestro mundo –el gran mundo y el pequeño mundo que nos rodea- y sentir con todo el corazón que no nos podemos acostumbrar a que las cosas estén mal. Ante todo, la necesidad de la justicia para con el Buen Dios: que todos puedan sentir su amor. Que todos puedan saber que él “se muere de amor” por nosotros. En segundo lugar, la necesidad de la justicia entre los hombres –particularmente para con los más débiles-: justicia que abarca todas las dimensiones humanas básicas, pero que se extiende a las necesidades (también básicas) de amor, cariño, respeto, paz, alegría, confianza, compañía…
-Ser misericordiosos es tener el corazón de Jesús. Es sentir con su corazón. Es sentir lo que le pasa al otro como propio… sobre todo sus miserias. Es experimentar que el dolor del otro repercute en mi corazón y que yo puedo hacer algo: sanar. Ser misericordioso es perdonar, es sanar, es volver a creer, es dar otra oportunidad…
-Tener el corazón puro quiere decir más que nada “ser como niños”. Nos resulta patente cuando estamos con ellos que su mirada no es malintencionada, no es doblez, está llena de asombro, de frescura, de sencillez, de simplicidad. Tener el corazón puro es no tener basura dentro de uno mismo, es tener la capacidad de sacar esas cosas fuera para que Dios tenga lugar en el corazón…
martes, 7 de julio de 2009
Misión, destino: el cielo... Por Agustín.
Queridos Chicos:
Sin poder dormir me puse a leer la reflexión que escribió Merce y el Evangelio del día de hoy, para el que no sepa cual es se lo dejo escrito mas abajo.
Y el comentario del Evangelio me gusto mucho, es de Santa Teresita (con la cual tengo mucha afinidad), les resalto con negrita lo mas importante a mi parecer y luego continuo…
Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897):
«Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies»
Un día en el que pensaba qué podía hacer yo para salvar almas, una frase del Evangelio me dio una viva luz. En otro tiempo Jesús dijo a sus discípulos enseñándoles los campos de trigo ya maduro: «Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega». (Jn 4,35), y un poco más adelante: «En verdad, la mies es abundante pero el número de trabajadores es pequeño; pedid pues al señor de la mies que le mande trabajadores». ¡Qué misterio! ¿Acaso Jesús no es todopoderoso? ¿Las criaturas no son de quien las ha hecho? Entonces ¿por qué Jesús dice: «pedid, pues, al señor de la mies que le mande trabajadores»? ¿Por qué? ¡Ah! Es que Jesús nos tiene un amor tan incomprensible que quiere que tomemos parte con Él en la salvación de las almas. No quiere hacer nada sin nosotros. El creador del universo espera la oración de una pobre y pequeñita alma para salvar a las demás almas rescatadas, como ella, al precio de toda su sangre. Nuestra vocación no es ir a segar en los campos de trigo maduro. Jesús no nos dice: «Bajad los ojos, mirad los campos e id a segarlos». Nuestra misión es todavía más sublime. Estas son las palabras de nuestro Jesús: «¡Levantad los ojos y mirad. Mirad cómo en mi cielo hay lugares vacíos, os toca a vosotras el llenarlos; vosotras sois mis Moisés orando sobre el monte (Ex 17,8s). Pedirme obreros y yo os los enviaré, no espero otra cosa que una plegaria, un suspiro de vuestro corazón!»
Es acá donde creo yo que esta una de las claves de nuestro apostolado, Jesús nos pide además de llevarle alegría a esas personitas lindas que lo necesitan, además de llevarles la leche, los juegos, las sonrisas, el oído para sus problemas, nuestros brazos para sostenerlos, y los ojos para llorar con y por ellos (como siempre lo hacemos).
Así como se lo pide a las Hermanas que rezan para que haya trabajadores. De la misma manera nos dice a nosotros…¡ Mirá, mirá el cielo cuantos espacios vacíos. Te puse en tu vida a tus hermanos para que los ayudes a ocupar ese lugar que los está esperando!!!
¿Ven chicos? A esto quiero llegar… a lo que llamamos la pobreza espiritual. No nos olvidemos nunca que también es responsabilidad nuestra llevar a las almas mas necesitadas al cielo.
No digo que no sea importante ayudar con las necesidades básicas para que una persona tenga una vida un poco mas digna. ESO ES IMPORTANTISIMO. Pero tampoco podemos olvidar nuestra Misión, sino de nada nos sirve el tiempo que damos los sábados.
Me estoy haciendo este compromiso nuevamente y nos tenemos que ayudar los unos a los otros y decirnos… ¡JUNTOS VAMOS A LLEVAR A NUESTROS HERMANOS AL CIELO! Y encomendarlos y encomendarnos en nuestras oraciones!!!
Vamos chicos los animo a que nos ayudemos entre nosotros y a nuestros gurises y familias con los que compartimos esas increíbles tardes.
EL CIELO ES PARA TODOS Y SERIA EGOISTA NO DECIRLE AL OTRO QUE EXISTE!
Y no nos olvidemos y ayudemos a que el otro no se olvide de esta Misión!
Mateo 9,32-38.
En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba
endemoniado.
El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada,
comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".
Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe
de los demonios".
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las
sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las
enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos,
como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los
trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Agustín.
Sin poder dormir me puse a leer la reflexión que escribió Merce y el Evangelio del día de hoy, para el que no sepa cual es se lo dejo escrito mas abajo.
Y el comentario del Evangelio me gusto mucho, es de Santa Teresita (con la cual tengo mucha afinidad), les resalto con negrita lo mas importante a mi parecer y luego continuo…
Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897):
«Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies»
Un día en el que pensaba qué podía hacer yo para salvar almas, una frase del Evangelio me dio una viva luz. En otro tiempo Jesús dijo a sus discípulos enseñándoles los campos de trigo ya maduro: «Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega». (Jn 4,35), y un poco más adelante: «En verdad, la mies es abundante pero el número de trabajadores es pequeño; pedid pues al señor de la mies que le mande trabajadores». ¡Qué misterio! ¿Acaso Jesús no es todopoderoso? ¿Las criaturas no son de quien las ha hecho? Entonces ¿por qué Jesús dice: «pedid, pues, al señor de la mies que le mande trabajadores»? ¿Por qué? ¡Ah! Es que Jesús nos tiene un amor tan incomprensible que quiere que tomemos parte con Él en la salvación de las almas. No quiere hacer nada sin nosotros. El creador del universo espera la oración de una pobre y pequeñita alma para salvar a las demás almas rescatadas, como ella, al precio de toda su sangre. Nuestra vocación no es ir a segar en los campos de trigo maduro. Jesús no nos dice: «Bajad los ojos, mirad los campos e id a segarlos». Nuestra misión es todavía más sublime. Estas son las palabras de nuestro Jesús: «¡Levantad los ojos y mirad. Mirad cómo en mi cielo hay lugares vacíos, os toca a vosotras el llenarlos; vosotras sois mis Moisés orando sobre el monte (Ex 17,8s). Pedirme obreros y yo os los enviaré, no espero otra cosa que una plegaria, un suspiro de vuestro corazón!»
Es acá donde creo yo que esta una de las claves de nuestro apostolado, Jesús nos pide además de llevarle alegría a esas personitas lindas que lo necesitan, además de llevarles la leche, los juegos, las sonrisas, el oído para sus problemas, nuestros brazos para sostenerlos, y los ojos para llorar con y por ellos (como siempre lo hacemos).
Así como se lo pide a las Hermanas que rezan para que haya trabajadores. De la misma manera nos dice a nosotros…¡ Mirá, mirá el cielo cuantos espacios vacíos. Te puse en tu vida a tus hermanos para que los ayudes a ocupar ese lugar que los está esperando!!!
¿Ven chicos? A esto quiero llegar… a lo que llamamos la pobreza espiritual. No nos olvidemos nunca que también es responsabilidad nuestra llevar a las almas mas necesitadas al cielo.
No digo que no sea importante ayudar con las necesidades básicas para que una persona tenga una vida un poco mas digna. ESO ES IMPORTANTISIMO. Pero tampoco podemos olvidar nuestra Misión, sino de nada nos sirve el tiempo que damos los sábados.
Me estoy haciendo este compromiso nuevamente y nos tenemos que ayudar los unos a los otros y decirnos… ¡JUNTOS VAMOS A LLEVAR A NUESTROS HERMANOS AL CIELO! Y encomendarlos y encomendarnos en nuestras oraciones!!!
Vamos chicos los animo a que nos ayudemos entre nosotros y a nuestros gurises y familias con los que compartimos esas increíbles tardes.
EL CIELO ES PARA TODOS Y SERIA EGOISTA NO DECIRLE AL OTRO QUE EXISTE!
Y no nos olvidemos y ayudemos a que el otro no se olvide de esta Misión!
Mateo 9,32-38.
En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba
endemoniado.
El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada,
comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".
Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe
de los demonios".
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las
sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las
enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos,
como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los
trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Agustín.
domingo, 5 de julio de 2009
Para meditar este Domingo - por Mercedes.
Marcos 6, 1- 6
1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.
4 Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.»
5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.
6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.
Queridos Jóvenes:
Como es de nuestro conocimiento, por cuestiones sanitarias producto de la Gripe A y acompañando las medidas de emergencia adoptadas por nuestra provincia, nuestros Obispos han resuelto suspender las celebraciones públicas de las Misas este Domingo. Por ello quería compartir con Uds. el evangelio de este día y una pequeña reflexión.
Primero compartirles lo que me generó esto de que se Suspenda la Misa, me parecía una locura, algo inimaginable. Pero, nació un “sentimiento” de agradecimiento. Que afortunados somos de tener la posibilidad de participar diariamente de la celebración de la Misa, que afortunados somos de poder recibir diariamente a Jesús Eucaristía, que afortunados somos de poder tener diariamente un contacto personal con Él por medio de Su Palabra y de Su Cuerpo. En esto también, Somos Privilegiados!!!
Hoy ante la decisión de la suspensión me doy cuenta cuanto valor tiene para mi la Misa y la Eucaristía. Vieron que a veces pasa que cuando uno pierde algo o está privado de algo se da cuenta cuan importante era, y todo el valor que tenía. Hoy me sucede eso y Gracias a Dios que así sea.
En el evangelio de este Domingo la multitud se pregunta ¿No es este el carpintero…? Nosotros con alegría decimos que lo era… pero también podemos decir mucho más sobre este carpintero.
Como dijo el Papa Pablo VI en una de sus homilías, Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios Vivo; Él es quien nos ha revelado al Dios Invisible, Él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en Él. Él es también el Maestro y Redentor de los hombres; Él nació, murió y resucitó por nosotros.
Él es el centro de la historia y del Universo; Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza. Él es la Luz y la Verdad. Él es el Pan y la fuente de agua viva que satisface nuestra hambre y nuestra sed.
Cristo Jesús es el Principio y el Fin
Chicos, este es Jesucristo, a Él queremos anunciar cada sábado, de Él queremos alimentarnos cada Domingo, con Él queremos encontrarnos en cada retiro. Porque sabemos que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.
Anunciemos el Evangelio, porque para esto nos ha enviado el mismo Cristo. Amemos en todo lugar y a cada momento, porque no hemos nacido sino para Amar.
Los conciudadanos de Jesús no supieron reconocerlo como el Hijo de Dios, por eso cada día pidamos el Don de la Fe para saber descubrirlo como el Hijo de Dios, el único salvador.
Sigamos Iluminando al Mundo con la Luz de Su Amor.
Chicos aprovecho para felicitarlos por esta opción de Amar a Jesús niño, pobre, enfermo, abandonado. No nos olvidemos que el mismo Jesús nos dijo: “cuando lo hicisteis con cada uno de estos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt.25, 40)
Unidos en la Oración del Grupo recemos por la perseverancia en este Camino simple y profundo de AMAR.
Dios los Bendiga,
Mercedes
1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.
4 Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.»
5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.
6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.
Queridos Jóvenes:
Como es de nuestro conocimiento, por cuestiones sanitarias producto de la Gripe A y acompañando las medidas de emergencia adoptadas por nuestra provincia, nuestros Obispos han resuelto suspender las celebraciones públicas de las Misas este Domingo. Por ello quería compartir con Uds. el evangelio de este día y una pequeña reflexión.
Primero compartirles lo que me generó esto de que se Suspenda la Misa, me parecía una locura, algo inimaginable. Pero, nació un “sentimiento” de agradecimiento. Que afortunados somos de tener la posibilidad de participar diariamente de la celebración de la Misa, que afortunados somos de poder recibir diariamente a Jesús Eucaristía, que afortunados somos de poder tener diariamente un contacto personal con Él por medio de Su Palabra y de Su Cuerpo. En esto también, Somos Privilegiados!!!
Hoy ante la decisión de la suspensión me doy cuenta cuanto valor tiene para mi la Misa y la Eucaristía. Vieron que a veces pasa que cuando uno pierde algo o está privado de algo se da cuenta cuan importante era, y todo el valor que tenía. Hoy me sucede eso y Gracias a Dios que así sea.
En el evangelio de este Domingo la multitud se pregunta ¿No es este el carpintero…? Nosotros con alegría decimos que lo era… pero también podemos decir mucho más sobre este carpintero.
Como dijo el Papa Pablo VI en una de sus homilías, Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios Vivo; Él es quien nos ha revelado al Dios Invisible, Él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en Él. Él es también el Maestro y Redentor de los hombres; Él nació, murió y resucitó por nosotros.
Él es el centro de la historia y del Universo; Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza. Él es la Luz y la Verdad. Él es el Pan y la fuente de agua viva que satisface nuestra hambre y nuestra sed.
Cristo Jesús es el Principio y el Fin
Chicos, este es Jesucristo, a Él queremos anunciar cada sábado, de Él queremos alimentarnos cada Domingo, con Él queremos encontrarnos en cada retiro. Porque sabemos que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.
Anunciemos el Evangelio, porque para esto nos ha enviado el mismo Cristo. Amemos en todo lugar y a cada momento, porque no hemos nacido sino para Amar.
Los conciudadanos de Jesús no supieron reconocerlo como el Hijo de Dios, por eso cada día pidamos el Don de la Fe para saber descubrirlo como el Hijo de Dios, el único salvador.
Sigamos Iluminando al Mundo con la Luz de Su Amor.
Chicos aprovecho para felicitarlos por esta opción de Amar a Jesús niño, pobre, enfermo, abandonado. No nos olvidemos que el mismo Jesús nos dijo: “cuando lo hicisteis con cada uno de estos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt.25, 40)
Unidos en la Oración del Grupo recemos por la perseverancia en este Camino simple y profundo de AMAR.
Dios los Bendiga,
Mercedes
jueves, 5 de julio de 2007
algo fresco
Desperté con un pensamiento fijo: “Hoy tengo que parar un rato.” ¡Y claro! Con lo de anteayer… A lo mejor exagero un poco; no estoy tan seguro.
Anteayer anunciaba ser un día como todos. Me levanté a las seis y diez, prendí la radio para escuchar las noticias, puse a calentar el agua para prepararme un café y mientras tanto, repasé los temas que iba a dar en las clases de 2º y 4º año. ¡Ah! y 5º B, porque fue lunes, y los lunes tengo la mañana completa.
Tomé un café bien caliente, y enseguida salí a esperar el colectivo. Hacía mucho frío, y me envolví en la campera. ¡Cómo se demoraba! Era algo de no creer, como si uno viajara gratis encima. Bueno, este no es el lugar para sacarme las rabias, ya sé. Pero así empecé el día.
Por fin llegó el coche. Subí, pasé la tarjeta, y me fui al fondo. Parado, me sostuve con una mano, y puse la otra en el bolsillo. No sé muy bien, pero creo que dormité unos segundos. Sólo uno o dos, porque al momento escuchamos un ruido espantoso, y... “¡Nos bajamos todos!”- gritó el chofer. Nada más ésto me faltaba.
Seguir leyendo...
Anteayer anunciaba ser un día como todos. Me levanté a las seis y diez, prendí la radio para escuchar las noticias, puse a calentar el agua para prepararme un café y mientras tanto, repasé los temas que iba a dar en las clases de 2º y 4º año. ¡Ah! y 5º B, porque fue lunes, y los lunes tengo la mañana completa.
Tomé un café bien caliente, y enseguida salí a esperar el colectivo. Hacía mucho frío, y me envolví en la campera. ¡Cómo se demoraba! Era algo de no creer, como si uno viajara gratis encima. Bueno, este no es el lugar para sacarme las rabias, ya sé. Pero así empecé el día.
Por fin llegó el coche. Subí, pasé la tarjeta, y me fui al fondo. Parado, me sostuve con una mano, y puse la otra en el bolsillo. No sé muy bien, pero creo que dormité unos segundos. Sólo uno o dos, porque al momento escuchamos un ruido espantoso, y... “¡Nos bajamos todos!”- gritó el chofer. Nada más ésto me faltaba.
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el que se da, crece... una consigna de San Alberto Hurtado
Comienza por darte. El que se da, crece. Pero no hay que darse a cualquiera, ni por cualquier motivo, sino a lo que vale verdaderamente la pena: Al pobre en la desgracia, a esa población en la miseria, a la clase explotada, a la verdad, a la justicia, a la ascensión de la humanidad, a toda causa grande, al bien común de su nación, de su grupo, de toda la humanidad; a Cristo, que recapitula estas causas en sí mismo, que las contiene, que las purifica, que las eleva; a la Iglesia, mensajera de la luz, dadora de vida, libertadora; a Dios, a Dios en plenitud, sin reserva, porque es el bien supremo de la persona, y el supremo Bien Común. Cada vez que me doy así, sacrificando de lo mío, olvidándome de mí, yo adquiero más valor, un ser más pleno.
Mirar en grande, querer en grande, pensar en grande, realizar en grande. Al comenzar un trabajo, hay que prepararlo pacientemente. La improvisación es normalmente desastrosa. Amar la obra bien hecha, y para ella poner todo el tiempo que se necesite.
Leer las meditación completa (no tiene desperdicio)...
Mirar en grande, querer en grande, pensar en grande, realizar en grande. Al comenzar un trabajo, hay que prepararlo pacientemente. La improvisación es normalmente desastrosa. Amar la obra bien hecha, y para ella poner todo el tiempo que se necesite.
Leer las meditación completa (no tiene desperdicio)...
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